Un formato que se fue afinando taller tras taller
El programa no nació terminado. Empezó como una serie de encuentros informales con equipos que pedían ayuda para ordenar ideas y terminó convirtiéndose en un formato estructurado de cuatro semanas, ajustado después de trabajar con negocios de tamaños y rubros muy distintos.
Cómo empezó
Los primeros encuentros surgieron de una necesidad simple: equipos que llegaban a reuniones con decenas de ideas anotadas en cuadernos y pizarras, pero sin ningún método para decidir cuál probar primero. Las primeras sesiones se armaron con herramientas prestadas de distintas disciplinas, adaptadas sobre la marcha según lo que cada grupo necesitaba resolver esa semana.
Con el tiempo quedó claro un patrón repetido. El problema casi nunca era falta de ideas. Era falta de un camino claro para pasar de la idea a algo que se pudiera mostrar y testear sin comprometer meses de trabajo o presupuestos que un equipo interno no siempre tiene disponibles.
De encuentros sueltos a un programa de cuatro semanas
A lo largo de distintas rondas de trabajo, el contenido del programa se fue reduciendo y precisando. Cada versión eliminaba ejercicios que sonaban interesantes en el papel pero no generaban avances reales, y reforzaba los que sí llevaban a decisiones concretas.
Talleres puntuales de medio día
Sesiones aisladas centradas en generar más ideas, sin un mecanismo posterior para decidir cuáles avanzar. Útiles para destrabar la conversación, pero insuficientes para llegar a un prototipo.
Incorporación de la priorización
Al trabajar con equipos de comercio, servicios y manufactura se sumó una etapa explícita de priorización con criterios propios de cada negocio, en lugar de depender solo de la intuición del grupo.
Prototipado sin presupuesto de desarrollo
Se sistematizaron técnicas de prototipado de bajo costo, adaptadas para equipos sin área de diseño o desarrollo dedicada, usando materiales simples y dinámicas de representación.
Cuatro semanas, ocho sesiones
La estructura actual combina las tres etapas en un recorrido de cuatro semanas con dos sesiones semanales, equilibrando teoría breve y trabajo práctico aplicado al negocio de cada participante.
Qué se mantiene igual
Más allá de los ajustes de contenido, hay dos principios que se sostuvieron desde el inicio. El primero es que cada ejercicio debe poder aplicarse con el negocio real del equipo participante, nunca con un caso ficticio genérico. El segundo es que el programa no depende de contratar consultoría externa permanente: la idea es que el equipo termine con herramientas que pueda seguir usando solo.
Esa combinación de aplicación real y autonomía posterior es lo que terminó definiendo el formato actual, más que cualquier plantilla o marco teórico específico.
¿Querés entender cómo se aplicaría a tu equipo?
Podés escribirnos para conversar sobre el contexto puntual de tu negocio antes de definir si el formato actual se ajusta a lo que necesitás.
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