Inventario de ideas
Ordenamos todo lo que el equipo ya viene pensando: iniciativas guardadas en notas sueltas, comentarios de reuniones, ideas que nadie llegó a escribir. El primer paso es simplemente verlas todas juntas.
Un programa de cuatro semanas para equipos que ya piensan bien pero les cuesta terminar. Metodologías simples para elegir qué vale la pena construir, armar una versión mínima sin gastar de más y testearla con datos reales del propio negocio, sin depender de consultores externos.
Antes de anotarte, podés escribirnos para resolver dudas puntuales sobre el formato, los horarios o cómo se adapta el programa a tu equipo. Respondemos consultas informativas por los siguientes canales.
Ing. White 788, B1644
San Fernando, Provincia de Buenos Aires
El curso está organizado en bloques que se refuerzan entre sí. No es teoría suelta: cada bloque termina en un ejercicio concreto sobre un problema real del equipo, para que al finalizar las cuatro semanas exista algo tangible y no solo una lista de buenas intenciones.
Ordenamos todo lo que el equipo ya viene pensando: iniciativas guardadas en notas sueltas, comentarios de reuniones, ideas que nadie llegó a escribir. El primer paso es simplemente verlas todas juntas.
Se enseña una matriz simple de esfuerzo e impacto adaptada al contexto de cada negocio, para decidir qué conviene probar primero sin depender de la opinión más fuerte en la sala.
Papel, cartón, una maqueta digital simple o un guion de rol: técnicas que permiten mostrar una idea sin construirla del todo, pensadas para equipos sin presupuesto de desarrollo dedicado.
Guiones cortos de entrevista y dinámicas de observación para conseguir reacciones honestas de clientes o compañeros de otras áreas, sin necesidad de estudios de mercado costosos.
Antes de testear, el equipo define qué resultado consideraría una señal suficiente para seguir, ajustar o descartar. Decidir con criterios fijados de antemano evita discusiones circulares después.
La última sesión se dedica a transformar los aprendizajes en un plan corto y accionable, con responsables y fechas, para que el impulso del programa no se diluya al volver a la rutina diaria.
Las cuatro semanas se dividen en tres fases con propósitos distintos. Cada fase cierra con una entrega puntual, algo que el equipo puede mostrar antes de avanzar a la siguiente etapa. La secuencia está pensada para que el trabajo entre sesiones sea liviano y compatible con la operación normal del negocio.
Durante la primera semana el equipo mapea las ideas existentes y aplica una matriz simple de esfuerzo e impacto. En lugar de discutir en abstracto, cada idea se anota en un tablero visible y se ordena en conjunto. Se sale de esta fase con dos o tres conceptos priorizados y un motivo claro para elegirlos.
En la segunda y tercera semana se arma un prototipo de baja fidelidad para el concepto elegido: puede ser un flujo dibujado a mano, una maqueta simple o una demostración representada por el propio equipo. El objetivo no es que se vea terminado, sino que alguien externo pueda entenderlo y reaccionar.
La última semana se dedica a mostrar el prototipo a usuarios o clientes reales, recoger reacciones concretas y contrastarlas con los criterios definidos al inicio. La sesión final cierra con una decisión documentada: seguir, ajustar o dejar la idea en espera, y un plan breve para el paso siguiente.
Cada sesión combina una explicación breve del método con un ejercicio práctico sobre un problema real de la empresa participante. Estas son algunas de las dinámicas que se repiten a lo largo de las cuatro semanas, adaptadas al rubro y tamaño de cada equipo.
Contanos brevemente cómo trabaja tu equipo hoy y qué tipo de ideas suelen quedar sin avanzar. Con esa información podemos explicarte cómo se adapta el programa a tu caso, sin compromiso de inscripción.
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